El viaje de unos calzoncillos reliaos…

Esta historia verídica y verdadera y me hizo sentir un nerviosismo muy grande.

Para comprender esta historia hay que contar como es mi casa. Mis padres son especiales: de siempre hasta el día de hoy, se ponen muy nerviosos si presenciamos una escena de sexo, implícito o explícito, da igual: Si en la tele sale un culo de un tío puesto sobre una chica en pelotillas, SIN MOVIMIENTO PÉLVICO, mi madre se pone delante de la pantalla o cambia el canal. Así que imaginaros lo que ha significado las charlas cuando han encontrado unos condones. Es más, cuando me fui a Italia de viaje de fin de curso, fui sometido a un registro a lo policía yanki en la frontera con Méjico en busca de artículos de látex. En fin, que aunque tenga 29 tacos no debo de consumar nada con mi novia, con la que llevo más de 4 años, hasta que no pase por vicaría. Aunque esto último ya está cambiando.

Tras este antecedente paso a la historia en sí. Mi suegro nos regala a mi novia y a su hermana, y a los novios, un fin de semana en un apartahotel, en Benalmádena, en temporada baja. Era un cheque de Bancotel que iba a caducar. Así que nos fuimos los 4 para la playa con una gran alegría, para pasar el puente de Andalucía, de hace 2 añitos. Cuando fuimos para allá ya llovía y por la radio escuché sobre inundaciones que había en el pueblo de La Victoria en Málaga, quizás fue el fin de semana que llovió más en Málaga de todo el año 2005.

Llegamos al hotel y echamos a suertes quien dormía en el sofá-cama del salón y quien en la habitación ¡y nos tocó habitación!. Digamos que el viernes fue de cena, el sábado de piscina del hotel y sauna, más lo que todos podéis suponer que se hace cuando diluvia fuera.

En la noche, saqué mi vena sexy marcándome un stristís cuyo movimiento final acababa con voleo de gallumbos, como lo haría un cowboy con el lazo, lo demás es privado… La alarma nos avisó para ir haciendo la maleta. Cogí los gallumbos sobre la mesita de noche y me los puse, que por cierto, estaban algo fríos y nos fuimos para casa de mi novia. Una vez en Córdoba, separamos la ropa de la maleta, pues en la misma llevábamos la ropa de los dos. Cuando estoy echando mi ropa en la maleta me doy cuenta del GRAN ERROR: me faltan unos calzoncillos y los que llevo puestos son unos que saqué limpios. Los que lanzé de manera tran grácil y artística se han quedado en el hotel. Hasta aquí sería algo divertido y para comentar, pero resulta que los calnzoncillos olvidados eran los más nuevos, esos que te regala tu madre en Reyes, esos que son de marca y que ajustan de donde deben de ajustar sin que alcances una escala más alta en los cantos de la ducha, esos que mi madre sabía que llevaba pues hizo un registro justo antes de salir. Estaba semiatrapado, pero decidí ir a casa y hacerme el tonto. Mi madre al llegar, echó la ropa en la lavadora y me preguntó qué calzoncillos llevaba puestos, y antes de que se liara más, le dije que me los he dejado en casa Cris seguro, porque hicimos maleta conjunta – ¡se le iba a escapar a mi madre! -. Al día siguiente hablé con Cris y decidimos llamar al Hotel. Mi novia en un acto de amor desinteresado llamó al hotel, pues yo me moría de vergüenza. Recreo la hipotética charla:

– Hotel …., recepción, dígame.
– Buenos días, soy Talicual, y he abandonado la habitación número tal esta mañana. Al deshacer la maleta nos hemos dado cuenta de que nos faltan unos “boxers” – claro si dices calzoncillos queda más cutre te imaginas unos gallumbos blancos de pata larga con su manchitas, pero diciendo boxers parece que es un pantalón deportivo de diseño de Armani o algo así -. ¿Se sabe si se han encontrado?
– Pues la habitación se ha recogido hace media hora y no ha aparecido nada. Llamen dentro de una hora que daré orden de que vuelva a buscar. ¿Saben por donde los perdieron?
– Pues en el dormitorio, debe de estar entre la cómoda, la cama y la pared.
– (Aguanta risas…) Pues eso, en una hora llamen que les daré contestación.
– Gracias y hasta luego.
– Adiós.

A la hora llamamos de nuevo y nos comentan que no aparece. Así que le decimos que busquen entre las sábanas vaya a ser que se reliaran. En efecto, aparecieron en lavandería entre las sábanas y llegaron a Córdoba en paquete azul a nombre de mi novia. Me alegro sobre todo que los calzoncillos solo estuvieron en mi cuerpo una noche y que creo que no había ningún frenazo ni derrape en ellos.

Hoy día siguen siendo los calzoncillos que más han viajado sin el dueño y ya siempre que hago una maleta apunto todo lo que llevo y paso lista, claro.

~ por Kin El Bravido en 12/11/2007.

5 comentarios to “El viaje de unos calzoncillos reliaos…”

  1. 🙂 Censura NO!

  2. No sabia que se les decia “gallumbos” a los calzoncillos por alla… asi que esto “stristis cuyo movimiento final acababa con voleo de gallumbos” me significo muchas cosas menos lo que era, hasta que por fin le entendi…😄

  3. Jajajaja lo que no os pase a vosotros… Menos mal que tienes a Cris ahí dando la cara por ti.

    Un besote para los dos (mas grande para Cris por tener el valor de llamar para reclamar unos gallumbos) xD

  4. Entonces que era… ¿cariño por los gallumbos?
    Yo ayer me puse unos nuevos, y me picaron toda la mañana.
    Ya les he hecho una cruz, una y no más…
    Es que los calzoncillos dan mucho de sí.😀

  5. Que pocos huevos, tenias que a ver llamado tu.

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