Los rockeros no son buenos

Como decía Barón Rojo los rockeros vamos a ir al infierno, además queramos o no, añado yo.

Esta mañana volvía de la Escuela, tras una, relativamente, tranquila mañana.  Estaba a medio camino cuando divisé a una anciana que por la expresión de su cara,  le estaban subiendo palabras por la garganta, así que me destaponé los auriculares pues era la única persona que había en la calle en la dirección de su mirada. Tendría unos 75 años y dos bolsas de unos 5 ó 6 kilos cada una, llevadas a modo de romana. La noté tensa y cuando me preguntó por unas piedras de una avenida, me di cuenta que además estaba perdida, e incluso desesperada. Amablemente, como no puede ser de otra manera, le indiqué donde estaba, y al verla tan agobiadilla me invité a acompañarla. Por el camino vi que hice bien, porque sudaba y jadeaba continuamente. Hacía paraditas para limpiarse el sudor con un clinex que sacaba del escotillo. Aunque me ofrecí múltiples veces a llevarle las bolsa ella insistía en que podía sola. Por el camino conseguí entablar conversación: era de Puente Genil, estaba en el piso de su hija…etc…yo como conocedor de tan membrillera villa le hice chistes con su tierra para parecer más cercano. Cuando llegamos a un islote en mitad de una avenida, llegó la situación crítica. La anciana mareada y desestabilizada por el peso de la compra, pues no quiso descansar las bolsas ni en el suelo, perdió el equilibrio y si no es por mi viril brazo que la frenó, acaba bajo las ruedas de un coche. Aún así…y requetequeteofreciéndome a acompañarla a su casa, a llevarle las bolsas, incluso canjeándolas por mi bandolera, a decirle nos sentáramos a descansar, etc…¡nada!. Nada más cruzar la avenida, ella se despidió, está claro que mi varonil brazo en su pecho para que no abandonara el mundo de los vivos le pareció una agresión en vez de una intervención de Mitch Bucanan.

 Me despedí pidiéndole que descansara de vez en cuando.Ya de camino a mi casa, cuesta abajo, me iba diciendo: a esta señora le inculcaron bien lo de no hablar con desconocidos, hasta que pasé por un espejo. Vi a un chico  con el pelo negro largo y rizado, barba de un dedo marcando las aristas de mi cara pero con roales en las mejillas – me he afeitado a mediodía -, camiseta negra – sin ser de un grupo heavy -, un pendiente en el lóbulo izquierdo y una rebeca roja algo vieja colgando de la bandolera. Me vi limpio, atractivo y con una tremenda carga sexual,  pero ampliamente rockero. Está claro que si hubiera llevado el pelo corto peinado con raya, una camisa abrochada de cuadros azules, unos pantalones de pinzas, unos zapatos castellanos y un jerseicito por los hombros la abuela no se habría dejado acompañar, únicamente. Me habría subido al piso de su hija, me habría puesto una cerveza fresquita y unas aceitunas. Luego me habría presentado a su nieta y le habría dicho que este apuesto joven le había salvado la vida y que merecía la pena de conocer – no me habría ofrecido más porque mi elegancia visual me priva de encuentros carnales delante de la abuela -.

De héroe a joven mísero, y casi delincuente, en un abrir y cerrar de armario. Menos mal que aquí os he contado como va vestido Clark Kent.

~ por Kin El Bravido en 31/10/2007.

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